Ética sistémica: observar antes de juzgar

Ética sistémica: observar antes de juzgar

̣Adrián Báez - - ̣Tiempo de lectura: 9min

Una mirada ética que observa qué dinámicas sostenemos en los sistemas y cómo sus efectos se despliegan en el tiempo.

Hay momentos en los que queremos “hacer lo correcto” y, aun así, algo no encaja. Ayudamos y generamos dependencia. Evitamos el conflicto y la tensión reaparece más adelante. Buscamos estabilidad y terminamos bloqueando la adaptación.

No es falta de valores. Es que los marcos morales simples se rompen cuando entramos en sistemas complejos.

En este artículo no se propone una nueva moral ni una lista absoluta de acciones correctas. Se propone algo más modesto —y también más exigente—: aprender a observar qué dinámicas alimentamos y sostenemos en el tiempo.

Cuando el juicio moral no alcanza

Gran parte de la ética tradicional evalúa actos aislados: ¿Está bien o mal hacer X?

El problema es que, en la vida real, las acciones no existen solas. Siempre:

  • operan dentro de sistemas,
  • generan efectos en cadena,
  • se despliegan en el tiempo,
  • afectan a múltiples niveles a la vez.

En sistemas complejos, una misma acción puede:

  • aliviar a corto plazo y dañar a largo plazo,
  • sostener un sistema y erosionar otro,
  • parecer “buena” desde una perspectiva y “mala” desde otra.

El juicio binario se vuelve insuficiente cuando la realidad muestra dinámicas que no se ajustan a su lógica.

Una ética funcional y temporal

La ética sistémica reformula la pregunta del qué debería hacerse hacia:

  • ¿Qué sistema se está observando?
  • ¿Qué función cumple esta acción dentro de él?
  • ¿Qué efectos produce en el tiempo?
  • ¿Qué otros sistemas se ven afectados?

Una acción es funcional para un sistema si contribuye a sostener su organización. Es disfuncional si la debilita o la colapsa.

Los valores se manifiestan como efectos en sistemas concretos que se despliegan a lo largo del tiempo, no como verdades absolutas en el vacío.

El tiempo lo cambia todo

Muchas decisiones parecen claras si miramos solo el instante.

Ayudar, por ejemplo:

  • En una crisis puntual puede estabilizar y permitir reorganización.
  • Sostenida en el tiempo puede bloquear autonomía y aprendizaje.

El acto es el mismo. El valor cambia con la escala temporal.

Una ética que ignora el tiempo confunde alivio con solución, estabilidad con salud y calma con adaptación.

Múltiples sistemas, tensiones inevitables

Ninguna acción afecta a un solo nivel.

Intervenimos simultáneamente en:

  • personas,
  • vínculos,
  • grupos,
  • instituciones,
  • contextos sociales y culturales.

No siempre existe una respuesta “correcta” que optimice todos los sistemas a la vez. Elegir implica priorizar unos sobre otros.

Aquí aparece una distinción clave.

Análisis no es decisión

La ética sistémica separa dos planos que solemos mezclar.

1. Análisis descriptivo (objetivo)

  • Qué dinámicas se activan.
  • Qué efectos se producen.
  • Cómo evoluciona el sistema en el tiempo.
  • Qué retroalimentaciones aparecen.

Este análisis puede aspirar a objetividad. Cuanto menos nos sorprenden los resultados, mejor estamos captando la estructura del sistema.

2. Decisión valorativa (subjetiva)

  • Qué sistema quiero sostener.
  • Qué efectos estoy dispuesto a asumir.
  • Qué valores priorizo cuando entran en conflicto.

Aquí no hay neutralidad posible. Elegir es inevitablemente subjetivo.

Confundir estos planos convierte desacuerdos de valores en falsas discusiones sobre hechos.

Una ética de la atención

En sistemas complejos no podemos garantizar resultados “buenos”; lo que sí podemos hacer es prestar atención.

Esto implica:

  1. Observar qué estamos alimentando.
  2. Anticipar efectos a distintas escalas temporales.
  3. Atender a la retroalimentación del sistema.
  4. Ajustar cuando aparecen señales de desajuste.
  5. Aceptar consecuencias imprevistas.

Se trata de una ética orientada al ajuste continuo; orientarla al control haría que perdiera capacidad de adaptación.

Humildad sistémica

Nunca sabemos con certeza si una acción será “buena” porque:

  • los efectos se retrasan,
  • la información es incompleta,
  • los sistemas cambian mientras actuamos,
  • las interacciones no son lineales.

Lo máximo que podemos hacer es:

  • mantener lucidez sobre lo que estamos sosteniendo,
  • observar los efectos reales que producimos,
  • asumir responsabilidad sin pretensión de certeza.

La humildad no paraliza: afina la intervención.

Conflicto, política y desacuerdo honesto

Dos personas pueden:

  • coincidir en el análisis de efectos,
  • discrepar legítimamente sobre qué priorizar.

El conflicto deja de ser una guerra moral y se vuelve explícito:
cuando hay acuerdo en qué ocurre, solo queda resolver qué queremos sostener,
hasta dónde estamos dispuestos a ceder
y qué costes aceptamos asumir de forma informada.

Esto no elimina el desacuerdo, pero lo vuelve más honesto y manejable.

Un marco, no una moral

La ética sistémica:

  • no impone valores,
  • no promete pureza moral,
  • no absuelve ni condena.

Invita a algo más exigente: observar antes de juzgar.

Porque en sistemas complejos, la lucidez sostenida suele generar menos daño que la certeza apresurada.

Y porque, al final, no somos responsables de tener razón;
somos responsables de prestar atención a lo que alimentamos en el tiempo.